"La creación de una memoria cristiana y guerrera

La creación de una memoria cristiana y guerrera.

El caso del X duque de Béjar (1657-1686)*.

 

The Creation of a Christian and Militant Memory.

The Case of the 10th Duke of Béjar (1657-1686)

 

 

Emiliano Zarza Sánchez

IES Fray Luis de León (Salamanca)

 

 

 

 

Resumen: La muerte del X duque de Béjar cuando combatía en Buda en julio de 1686 contra los turcos, unida, desde la óptica de sus coetáneos, a la aureola de valentía personal que le precedía y a una intachable piedad próxima a la santidad, se constituyeron en los factores que acabaron generando en torno a su figura una sólida reputación, que perduró hasta el final del Antiguo Régimen. Dicha notoriedad, cuyo origen está en un constructo de su propio «yo» por el duque, será bien instrumentalizada por los Zúñiga para generar y transmitir memoria del linaje, puesto que, bajo su biografía, muy eficaz como pedagogía del poder, subyacía una ideología nobiliaria tendente a la legitimación y perpetuación social de sus privilegios.

 

 

Palabras clave: duque de Béjar; memoria histórica; Buda; Hungría.

 

 

 

Abstract: The death in battle in July 1686 of the 10th Duke of Bejar while fighting in Buda against the Turks, together with his personal reputation -in the eyes of his contemporaries- of being courageous and his faultless devotion were the factors which will eventually create a solid reputation for him. That fame, created by the Duke himself, would last until the end of the Former Regime and will be carefully used by the Zuñiga family as a tool to create and transmit their bloodline´s memory. The reasons for this use lie on the Duke´s biography, very effective as power Pedagogy, in which a peer ideology based on the social perpetuation and legitimization of their privileges is presented.

 

 

Keywords: Duke of Bejar; historic memory; Buda; Hungary

 

 

 

 

 

 

La creación de una memoria cristiana y guerrera.

El caso del X duque de Béjar (1657-1686).

 

 

Introducción

 

Con el telón de fondo de la renovación historiográfica producida en España en los últimos años en torno a los estudios sobre la idea de nobleza, su identidad y formas de expresión[1], Carolina Blutrach, en una reciente monografía en la que aborda la figura del III conde de Fernán Núñez[2], ha puesto de manifiesto, entre otras cosas, la relevancia metodológica que para el análisis de lo nobiliario puede tener un acercamiento a su problemática no sólo extrínseco o desde la óptica de sus implicaciones colectivas y sociales, sino, también, desde la exploración de la autopercepción de su condición de noble por el propio noble. En relación con ello, en el presente artículo[3] incidimos, como temática central y al objeto de ahondar en determinados aspectos que ya tuvimos ocasión de esbozar en un trabajo anterior centrado en su biografía[4], en el análisis de la génesis de una identidad nobiliaria, la del X duque de Béjar, D. Manuel de Zúñiga y Guzmán (Béjar, 1657 – Budapest, 1686) que, como veremos, parte en gran medida precisamente de sí mismo, esto es, de la percepción de «ego» por el propio duque[5]. Una imagen propia que, una vez devenida en pública, pondrá de manifiesto a través del caso del titular de Béjar quien piensa su propia persona esencialmente como un guerrero y como tal la transite la pervivencia de elementos tradicionales, de raíces medievales, en la legitimación del poder nobiliario a pesar del progresivo avance de la sociedad cortesana.    

 

La muerte de D. Manuel, que se produjo en julio de 1686 cuando capitaneaba un cuantioso grupo de castellanos que combatían en el sitio de Buda, cercada ese mismo año por los turcos de Kara Mustafá, venía a ser la culminación de lo que sus contemporáneos percibían como la vida heroica de un «miles» cristiano que moría tempranamente, cuando apenas contaba treinta años, como mártir inmolado por la fe, mártir que combatía, además, por la monarquía y para acrecentar la reputación de su linaje:

 

“Pero en guerra tan justa, y tan Sagrada, / Audacia fué, y heroyca valentia, / De morir por la Fé, dando à su Espada / Honrosa gloria, con su vizarria, / Credito à su Nacion, fama à su Nombre; / Y à Dios el Alma, de mayor Renombre”[6].

Un planteamiento similar es el que transmite Antonio Ortiz de Zúñiga, quien tal vez había sido preceptor del titular de Béjar:

 

“Por Dios, y por tu Rey, por el Imperio, / Por ti mismo, y la Patria, fue tu anhelo. / Y para eternizarte mas triunfante, / y lleuar de tu nombre el Emisferio, / A Buda assaltas, y es subir al Cielo”[7].

 

La llegada de D. Manuel al campo de Buda, un mes antes, venía ya precedida por un halo de heroicidad que el duque había ido fraguando en torno a su persona. Su «fama», bastante extendida entre sus coetáneos, le mostraba como un noble que había demostrado a lo largo de su breve carrera militar un gran coraje, sobre todo gracias a sus acciones personales en su etapa como maestre de campo del tercio de Velasco en Flandes[8], donde había servido en el contexto de la guerra de las «réunions».

 

Entre dichas acciones, en la génesis de su reputación tuvo especial relevancia la que aconteció en marzo de 1684 con ocasión del ataque francés a Oudenaarde, cuando el duque retira con sus propias manos y apaga con su capote las brasas que caían sobre el arsenal de pólvora situado junto al baluarte en que estaban alojados sus hombres, al tiempo que los organizaba y mandaba cubrir el polvorín con tiendas de campaña mojadas y estiércol:

 

“En fin lebanto la llama y cesando el riesgo del humo, se paso a otro mayor porque todas las brasas del almacen de los forrages y de la Abadia de Mariendal donde estaban, las traya el ayre a dar en el almacen de la polvora, el qual estaba en el baluarte, lo qual obligo al Duque de Bejar que llegaba entonces a visitar aquel quartel viendo que sus soldados le gritaban señor mire Vuestra excelencia que nos bolamos, a correr al almacen, a cuya puerta allando muchos toneles de polvora que se avian secado para servir las baterias los allo todos cubiertos de brasa, las quales apartandolas con sus manos de unos toneles y echando su capote sobre otros, llamando a los oficiales por sus nombres para animarlos hizo que mojasen las tiendas de campaña que estaban alli puestas echandolas sobre el almacen con barro y estiercol encima, mandando en tanto desfilar la Infanteria acia la cortina para salvarla en caso de saltar, y el con los oficiales quedo en esta peligrosa obra, hasta que toda la gente estubo en salvo”[9].

 

Evitaba con ello D. Manuel personalmente, por primera vez, una masacre segura de sus huestes, como pusieron de relieve los ocho toneles de explosivos que estallaron a continuación al no dar tiempo a ser retirados. Gesta que fue seguida, a pesar de lo exiguo de sus tropas, de una persecución intrépida de los franceses encabezada por el duque cuando éstos levantaron el sitio de la plaza, lo cual le valió un mosquetazo en la silla de su caballo[10]. Se empezaba ahora a forjar una visión épica que dibujaba al titular de Béjar entre sus contemporáneos como un grande valeroso y audaz, incluso temerario, cuya «virtus» contrastaba con la tendencia a la desafección militar que manifestaba el conjunto de la nobleza hispana del siglo XVII, cada vez más cortesanizada[11]. Circunstancia que el capitán y poeta Núñez de Ron y Valcárcel manifiesta bien a las claras en un soneto consagrado al duque:

 

“Vn Dvque [el de Béjar], que en España no cabia; / (Porque, ay, dolor! No cabe yà en España; / Ni el Heroyco Valor, ni Noble Saña / Que en la Sangre Española antes herbia.) / Huyendo el ocio torpe, en que se cria / Tanta Nobleza Ilustre, y con que empaña / El nativo Esplendor…”[12].

 

Frente a ello, conservando en su persona la función militar de origen medieval que había legitimado tradicionalmente al grupo noble en su conjunto, cada vez más en desuso, el duque era percibido entre sus coetáneos, desde el acervo ideológico dominante en el Seiscientos, esencialmente como un caballero, «bellator», que actúa con fidelidad a la monarquía en defensa de la cruz y para la extensión de la verdadera fe, factor que le convertirá en una figura descollante, apreciada y muy bien valorada por sus contemporáneos.

 

Estas y otras ocasiones no serán desaprovechadas por la Casa de Béjar para fomentar primero y dirigir después opinión y, por ende, memoria del linaje, de modo que muy pronto veremos los episodios de Oudenaarde, que le valdrán a D. Manuel el epíteto de nuevo «Vulcano»[13], formando parte de las gestas panegíricas referidas en algunas poesías por literatos próximos a la familia que magnifican el episodio, como es el caso de Antonio Ortiz de Zúñiga:

 

“Vuestra Grandeza siempre esclarecida/ triunfò en el Ciego horror de Marte ardiente,/ que con la Capa que ofreció valiente/ sobre las llamas arrojò la vida/ No temeis Vos la saña repetida,/ que el Frances fulminò estruendosamente;/ que vuesta noble polvora impaciente/ tuvo otra llama màs para temida./ Todo el ambito inmenso de la tierra/ En esta accion atonita os aclama,/ y osada Flandes el temor destierra […]”[14].

 

 

 

 

La variable guerrera: aspectos fácticos.

 

En cualquier caso, la notoriedad de D. Manuel se va a asentar, como hemos visto, en su participación en la toma de Buda de 1686. Su presencia en la guerra de Hungría hay que vincularla, probablemente, por una parte, a las dificultades económicas que atravesaba la Casa ducal[15] y a la posibilidad para su titular de medrar en la Corte vienesa y, por otra, al escaso peso de las relaciones clientelares de los Zúñiga en Madrid, al haber tomado partido, tibiamente, por la «facción» marianista justo en el momento en que D. Juan José de Austria tomaba el poder[16].

 

Con todo, lo cierto es que la campaña húngara, encabezada por el emperador Leopoldo como reacción estratégica de la cristiandad al intento de la Sublime Puerta de tomar Viena tres años antes, en 1683, fue percibida por la protoopinión pública de la época como la última gran cruzada[17], al haber sido promovida por la diplomacia vaticana del papa Inocencio X. Componentes todos ellos que acabarán definiendo el semblante del duque entre sus coetáneos como el de un caballero y mártir cristiano inmolado en defensa de la fe y al servicio de la Corona, identificada todavía con la dinastía Habsburgo hermana[18].

 

Será, además, un valor añadido para este prestigio del duque la circunstancia de que se había incorporado a un escenario lejano, como lo era Hungría, y que asimismo lo había hecho en calidad de «venturero» o «voluntario». Con ello, además de emular la tradición de su linaje (el duque, D. Francisco, había combatido frente a Solimán El Magnífico en Viena en 1532 tras abandonar súbita y, literalmente, sin aviso alguno, su Casa y su familia)[19] y aumentar de este modo la gloria colectiva de los Zúñiga, siguiendo un patrón ideológico siempre fomentado por la nobleza y valorado por cualquier estirpe ilustre como un medio más de propaganda y consolidación de su preponderancia social y de asentamiento de sus privilegios sociales, el titular de Béjar exteriorizaba toda su «grandeza» al entrar en contacto con las élites más señaladas de la aristocracia europea. Éstas acogían a D. Manuel, quien, de hecho, tras su incorporación a las operaciones militares, el 20 de junio de 1686, será recibido, como grande de España que era, por Carlos V de Lorena, «feldmarchall» de la coalición internacional[20] y por el elector de Baviera, Maximiliano II Emmanuel, en cuyo ejército se integraron el duque y su comitiva como tropas auxiliares de caballería:  

 

“[Después de su llegada] el Duque de Bejar ha sido visitado de todos los Generales, y recibe cada dia particulares muestras de estimación, y agasajo del Elector de Baviera, el qual usa con el, los mismos cumplimientos, y urbanidades, que con el Señor Duque de Lorena, tratandosse mutuamente de Alteza, excepto que se añade la Electoral, à quien le toca”[21].

 

Con independencia de una más que posible amplificación en el texto anterior de la dignidad efectiva que el duque debió ocupar en la jerarquía nobiliaria presente en Buda, lo cierto es que la interacción del titular de Béjar con la nobleza europea que en él se nos describe parece confirmar la óptica de la transnacionalidad «cosmopolita» del modelo nobiliario, que daba cierta homogeneidad a este grupo social para el conjunto continental según un planteamiento recientemente defendido por los profesores Hernández Franco, Guillén Berrendero y Martínez Hernández[22].     

 

Así parece confirmarlo que, en Hungría, D. Manuel y su séquito, entre los que se encontraban su hermano el marqués de Valero y sus primos D. Juan Manuel, marqués de Villena, y D. Gaspar, hijo del marqués de Aguilafuente, combatan al lado de un grupo continental de magnates. De él formaban parte representantes de prácticamente todas las naciones del centro y occidente de Europa, presentes en las campaña contra los turcos por diversas motivaciones, como lo son el ostracismo o caída en desgracia (Carlos, duque de Lorena), su peculiaridad socio-familiar (el jovencísimo duque de Berwick, hijo natural de Jacobo II) o las dificultades económicas (duque de Béjar). Cabe citar, además, al Príncipe de Neoburgo, hermano tanto de la emperatriz como de la futura reina Mariana de España; el Príncipe de Hannover, Federico Augusto, hermano del que llegará a ser Jorge I de Inglaterra; Rüdiger von Starhemberg, héroe de la resistencia de Viena; Eugenio de Saboya, quien incluía, también, en su currículo, ser sobrino de Mazarino; el elector Maximiliano de Baviera, o Luís Guillermo de Baden, estos últimos comandantes, junto a Lorena, de las tres facciones en que se había dividido el ejercito cristiano.

 

Muy pronto D. Manuel participará, con papel protagonista, en las operaciones de logística militar encaminadas a preparar el cerco de la fortaleza de Buda, en particular en la construcción de circunvalaciones y contravalaciones. Así, las fuentes, aunque obviamente partidistas y panegíricas, recogen laudatoriamente su participación en la repulsión de los turcos de Isla Margarita (día 20 de junio) y de la falda del castillo de San Gerardo - «Gellért Hegy» (día 29) (véase fig. 1), ocasiones en las que los textos vuelven a referir explícitamente su gran coraje personal. Para la última fecha citada, Oliver y Fullana escribe:

 

“El siguiente [día] tuvieron estos [los turcos] en otra [salida] mucho daño. Hizieronla furiosa à 29 en numero de mas de mil y quinientos al quartel de Baviera. Huvo alguna confusion al principio. Cargaron con valor à los Infieles […] No ostentaron menos su valor los Duques de Bejar, y Escalona, el Marques de Valero, Don Gaspar de Zuñiga […] y otros”[23].

 

 

Fig. 1: LA FORTALEZA DE BUDA (1686).

 

Reconstrucción propia a partir de Francisco FABRO BREMUNDÁN, Floro historico de la Guerra Sagrada contra tvrcos, tercera parte, qve contiene los svcessos del año M.DC.LXXXVI, Madrid, Antonio Román, 1687, p. 96.

 

 


En todo caso, algo más tarde, al 6 de julio, tendrá lugar una jornada clave en la biografía del duque, pues es en este momento no sólo cuando se consolida la construcción del «yo» de D. Manuel, sino también su representación social a partir del rol que él mismo se atribuye en las acciones de esta fecha, cimentándose así los que acabarán siendo los rasgos centrales del constructo identitario de D. Manuel, convertido también en episodio descollante en la historia de su linaje.

 

Ese día, los turcos intentaban impedir el avance de las trincheras imperiales hacia la zona del ya aludido Castillo de San Gerardo. Los cristianos serán desalojados de su posición. Siendo imprescindible estratégicamente recobrar el sector perdido, el duque se ofreció al mariscal bávaro Conde de Serenyi para realizar con sus hombres la operación de recuperación.   

 

Éste le denegará el permiso, pero, para sorpresa de todos los presentes, D. Manuel desoirá al mariscal y se apartará junto con su séquito para regresar habiendo restituido la vanguardia de ataque cristiano, tras protagonizar una encamisada extremadamente peligrosa. El episodio fue recogido por Fabro Bremundán, siempre de forma interesada, en los siguientes términos:

 

“Llegada la noticia desta desorden al Conde de Sereni General de las Tropas de Baviera estaba en castigarla, y disponer el reparo, el Duque con animosa galantería le fuè a la mano, y le pidió le encargase el puesto abandonado de que mediante Dios, y el brio de unos cinquenta aventureros Españoles Italianos que le asistían esperaba dar buena cuenta, hizo el Conde, y los demás que le oyeron grandes espantos a la proposición, y aunque no la admitió le dio muchas gracias, diciéndole que no era justo aventurar una tan grande Persona: pero el Duque impaciente de calificarla con las obras fuè apartándose insensiblemente y seguido de su hermano y de los Aventureros azia la cabeza de la Proche llegando tan cerca de las Palizadas enemigas que casi podían el y los que le seguían darse las manos con los turcos. Assi echados sobre el Vientre estuvieron toda la noche como perros quando riñen y se agachan al suelo para en viendo su tiempo saltar al Cuello del contrario en esta postura disparando pistoletazos”[24].

 

D. Manuel volverá de esta operación con su sombrero y su justacor traspasado de fuego enemigo, pero merecerá las felicitaciones de todo el ejército imperial.

 

“Causando una singular maravilla el ver [volver] al Duque sin lesion en su persona, y su Justacor, y sombrero pasado de algunos mosquetazos” [25].

 

Tanto en este episodio como en el más arriba descrito de Oudenaarde, son, según las fuentes, el denuedo y audacia personales del titular de Béjar las razones que consiguen evitar providencialmente una masacre segura de las tropas y recobrar un alojamiento estratégicamente imprescindible para el éxito de las operaciones militares.

En cualquier caso, no volvemos a tener noticias de él hasta el 13 de julio, fecha cuyos acontecimientos afianzarán definitivamente la apología de D. Manuel en su época. Ese día la acción combinada de artilleros y minadores, junto a un golpe de suerte, hacían caer la muralla interior de Buda (véase fig. 1), cuyos escombros formaron una rampa suficientemente practicable para hacer posible una ofensiva a gran escala[26].

 

El duque de Lorena ordenó, en consecuencia, el asalto general a la fortaleza. La jornada, según unas fuentes siempre panegíricas, comenzó con una muestra de «gallardía» por parte del titular de Béjar y sus hombres: celebrado el correspondiente consejo de guerra, el general La Verne les comunicó la hora del ataque. Tras recibir la comunión «in periculo mortis», en peligro de muerte, ordenó a sus hombres que realizaran el tránsito desde su campamento a la zona de asalto «al paso», a pesar de que recibían fuego de los turcos desde la muralla:

 

“Y siendo el camino para llegar al otro Campo mui inmediato a la Plaza de Buda, assi que los turcos descubrieron tan lucida tropa, dispararon gran numero de cañonazos haciendo el Duque y los que iban con el vizarria en medio de aquella tensión y evidente riesgo al no alterar el paso” [27].

 

Iniciado el asalto, el constante titular de Béjar estará de nuevo en la primera línea de la ofensiva cristiana, siguiendo una conducta en él habitual consistente en reclamar ir siempre en vanguardia de ataque:

 

“Quiso el Duque de Lorena el dia 13 alojarse al pie de la brecha y hazer una tentativa sobre ella. El ardor de los Voluntarios juzgò a ser assalto verdadero. Encendiose la emulacion de las Naciones. Picose el valor de personas tan ilustres. No pudo sufrir el magnanimo coraçon del Duque de Bejar passassen otros al pie delente à los Españoles, faltando de estos muy pocos en aquella ocassion. Avançaron con ardiente coraje”[28].

 

El objetivo era quemar las empalizadas de madera dispuestas por los turcos para taponar la brecha, haciendo así posible la entrada de las tropas cristianas. A pesar del peligro derivado de encontrarse el área asaltada entre dos baluartes que permitían a los jenízaros defenderse mediante fuego cruzado con minas, balas, balas rojas encendidas, saetas, granadas, fuego o flechas, en el momento en que D. Manuel observó que la avanzadilla capitaneada por el Conde de Herbestein habían caído en combate, lo que provocó cierta anarquía entre los asaltantes por tener éste encomendada la primera línea de combate, decidió sustituirlas con sus propios hombres. El carácter premonitorio de la suerte que iba a correr el duque estaba ya presente cuando le alcanzó un “mosquetazo el sombrero, sin ofenderle, y atribuirle los circunstantes à un buen agüero”[29].

 

Inmediatamente después, el duque recibía una herida mortal de mosquete al alcanzarle una bala que, entrándole por el costado izquierdo, le salió por la espalda:

 

“Començava la suerte à mostrarse mas docil, quando al Duque de Bejar (…) recibio otro [mosquetazo] que entrandole por el brazo yzquierdo, le saliô por el espinazo, de que inmediatamente cayô” [30].

 

Este lance y la posterior agonía de D. Manuel fueron recogidos por toda la “protoprensa” de la época[31]. Agonía que se prolongó tres días, durante los cuales y a pesar del enorme dolor que le provocaban las infecciones, mostró una gran serenidad. Contribuyó a ello el hecho de que había estado asistido por el afamado padre Marco de Aviano, uno de los diplomáticos vaticanos gestores de la «cruzada» húngara promovida por el papa Inocencio contra el turco, en cuyos brazos espiró. Según el mismo religioso nos relata en tono laudatorio, el duque había obrado en su agonía de acuerdo con las reglas del más estricto «ars moriendi», como en efecto tenemos constancia ocurrió[32], proceder que se sumaba como un elemento más que garantizaba la salvación transmundana del titular de Béjar:

 

             “y verdaderamente hizo una muerte tan bien dispuesta, y con tantas expresiones de de Christiana Piedad, y amor de Dios, que se ha de esperar firmemente haya bolado su alma al Cielo”[33] .

 

 

La variable religiosa. El cristiano.

 

La muerte de D. Manuel se produjo, de acuerdo con su profecía, el día del Carmen, 16 de julio de 1686, a pesar de haber sido desahuciado por los médicos desde el mismo momento en que fue herido, lo cual no vino sino corroborar que el titular de Béjar contaba con el favor de la Virgen, de quien quedaba así implícitamente manifiesto que recibía su protección:

 

“Yo vivire hasta mañana que es dia de Nuestra Señora del Carmen, y espero me ha de llebar en su dia” [34].

 

No en vano, a ojos de sus coetáneos los méritos del duque no procedían tan sólo de su condición de guerrero, sino de una «virtus» cristiana intachable y de una piedad extraordinaria que también va a ser resaltada por las fuentes.

 

En esta faceta religiosa[35], D. Manuel protagoniza episodios infantiles de piedad, siempre presentes en las biografías de futuros varones virtuosos o santos; así ocurre cuando el duque sea descubierto varias veces por su aya ciliciándose tras haber mandado construir una ermita en los jardines de su casa, «ex profeso», para deleitarse ejecutando actos de virtud con otros niños[36]. Mantendrá permanente contacto con beatos y religiosas reconocidos en la villa ducal por su gran espiritualidad, como fr. Francisco de Telena o las sores Juana Laso, María de la Concepción o Luisa de la Encarnación, todas ellas religiosas abnegadas, a veces con importantes dolencias físicas que soportaban estoicamente, de una castidad impoluta o con capacidad mística, y protagonistas de diversos prodigios a veces vinculados a D. Manuel[37]. Estarán presentes en su vida como niño algunos milagros, como la resurrección en 1661 de su tío D. Ruy Gómez de Silva, quien, enfermo repentinamente en el pueblo de Lagunilla (Salamanca) cuando la familia se desplazaba hacia sus Estados en Extremadura, llegó a recibir la extremaunción y a ser vestido con el hábito franciscano para ser enterrado, pero al cubrirle su cara con el velo del Santo Cristo que trajo el guardés del Convento de la Bien Parada (Abadía, Cáceres), se recuperó hasta el punto de poder desarrollar vida con normalidad esa misma noche; el velo continuó obrando portentos cuando fue llevado a la Corte, donde también sanó a varios nobles y otros enfermos[38]. No faltó tampoco la familiaridad con las reliquias, entre las que destacó, por citar aquí sólo un caso, una canilla de San Cosme, recientemente hallada, para la que D. Manuel rechazó por razones que desconocemos disponer de una de las tres llaves para su custodia[39].

 

Contará el duque también con el paradigma de antepasados ejemplares, entre los que cabe destacar al conde de Belalcázar, Juan Gutiérrez de Sotomayor, devenido en Fray Juan de la Puebla tras renunciar a sus derechos al título, uno de los principales reformadores franciscanos, quien, al parecer, deslumbraba especialmente a su descendiente, el cual incluso quiso trasladar sus restos al palacio ducal de Béjar[40].

 

Protagonizará del mismo modo varios episodios cuya moraleja será el anuncio o profecía de su muerte bienaventurada al servicio de Dios. Así ocurre cuando el duque, quien caminaba hacia la Cartuja de El Paular (hoy, Madrid) a celebrar la octava del Corpus, socorrió a un anciano cuyo cuerpo mostraba múltiples heridas y sangre. Resultó ser un ciego que caminaba tropezando con los berrocales graníticos del camino, por lo que D. Manuel decidió cederle su caballo. El anciano anunciará que éste tendría un fin dichoso, no sin desaparecer después misteriosamente[41]. También es un pronóstico de su muerte pía la promesa que le hizo D. Ruy en su agonía de cumplir la petición que su sobrino le hacía en su lecho de muerte: pedirle a Dios que él mismo cayese en defensa de la cruz[42].

 

Por su parte, la salvaguardia de la ortodoxia católica (conocemos, por ejemplo, el caso de un monje que había abandonado su convento con intenciones de huir a la hereje Holanda, al cual D. Manuel convenció para que volviese[43]), la promoción de la evangelización o intervenciones marianas curando a su hijo[44], encuentros con imágenes milagrosas[45], un impecable «ars moriendi» y el culto a la Virgen en un contexto tardocontrareformista[46], son otras de las constantes religiosas que las fuentes ensalzan en la vida del titular de Béjar. Tenemos noticia, incluso, de una aparición en Milán del X titular de Béjar el mismo día de su muerte (el duque anuncia su fin a las monjas del Convento de la Virgen del Carmelo, a quienes había hecho una generosa donación, anónima, a su paso por la ciudad italiana camino de Hungría, tras haber rogado a las religiosas que rezasen por él[47]) o del aumento del volumen y peso de las velas que se habían utilizado en su funeral en la villa burgalesa de Guzmán, a pesar de haber estado ardiendo durante toda la ceremonia; el expediente de este milagro llegará hasta Roma[48]. No menos importante es la devoción por su persona, próxima a la santificación, manifestada en diversas ciudades castellanas al paso de su cadáver cuando era repatriado a Béjar desde Györ (Hungría), según nos refiere Francisco Ruiz de la Peñuela, prior de la Cartuja de Miraflores, en una carta que escribía a la duquesa Dª Teresa, para el caso de Burgos:

 

“haciendome sumo consuelo el ver que desde el Arzobispo Corregidor y nobleza hasta la infima plebe de officiales y labradores todos a una vez ocupando la casa le aclamavan [a D. Manuel] santo martir defensor valeroso de la fee […] dar casi sagrado culto al cuerpo que tienen por Santo mártir y glorioso campeon de la fee católica” [49].

 

Conocemos también diversos vaticinios anecdóticos vinculados a la llegada de sus restos a la villa ducal[50].     

 

 

La conmoción por la muerte de D. Manuel.

 

Con este bagaje vital, muy pronto la desaparición del duque originará en algunas de las principales vías de comunicación escrita y de generación de opinión del Seiscientos, como relaciones de sucesos, teatro, poesía o epístolas intercambiadas por la nobleza, una cuantiosa literatura centrada en una concepción biográfica que presentaba a D. Manuel como un héroe guerrero osado y mártir  inmolado por la fe, rasgos en los que pondrán el acento con sistemática parcialidad y objetivo panegírico-publicístico sus productores[51].

 

En efecto, las gestas de D. Manuel y la pérdida de su vida fueron recogidas en gaceteros como Diego Dormer, Sebastián de Armendáriz, Fabro Bremundán o, en Lisboa, Miguel Deslandes[52]. Lo harán en sus ediciones no sólo de sus relaciones de sucesos, sino, si se nos permite la expresión, en «dossieres» específicos sobre su persona[53]. Será citado también en sus obras recapituladoras de las guerras de Hungría por Pizarro de Oliveros, Oliver y Fullana, Penso de Vega o el padre Montalvo, entre otros[54]. El atractivo de los gaceteros por la vida del duque de Béjar provenía de la gran demanda de información (no sólo escrita, sino también oralmente a través de los mentideros) que la «cruzada» despertaba por estos años, con la oportunidad de negocio que ello generaba. De hecho, las guerras de Hungría concitaban en la entonces incipiente opinión pública castellana un interés mayor que cualquier otro acontecimiento de la época[55], eventualidad que contribuyó coyunturalmente a asentar el constructo del titular de Béjar, cabeza de los «ventureros» castellanos participantes en dicha cruzada.

 

D. Manuel, por otra parte, será un personaje destacado en La restauración de Buda, obra dramática firmada por Bances Candamo (Bances compondrá asimismo algunas poesías dedicadas a D. Manuel[56]), quien mantiene el mismo tono elogioso para el titular de Béjar. Así se observa en las palabras que pone en boca de éste, en diálogo con el marqués de Villena:

 

“Pues si un hombre como yo / por donde quiera que fuere, / no se señala entre todos, / diziendo quantos le vieren, / allí va el Duque de Bejar, / no era mejor que estuviesse / en su casa? porque tengo / por cosa muy indecente / dezir, que el Duque de Bejar / solo a ser otro mas viene”[57]

 

Los episodios vitales del duque, así como su muerte, todavía serán temática, siempre laudatoria, en ciertas loas y academias literarias[58], tono panegírico que volveremos a ver repetido en algunos descollantes poetas de la época, entre los que cabe destacar, por citar sólo algunos ejemplos, al cronista de Castilla y León padre Nicolás García de Londoño, Manuel de Losada y Quevedo[59], Bartolomé Ponce de León, Antonio Ortiz de Zúñiga, Antonio Fajardo y Acevedo, Pablo Palop y Baldés, Antonio de Zamora, Pedro de Medrano y Echáuz, Antonio de Ron Bernardo de Quirós o los capitanes Miguel Antonio Núñez de Ron y Valcárcel y Antonio Somoza y Quiroga.

 

La lírica es, quizá, por su naturaleza, el mejor reflejo de la «fama», recurriendo a la expresión más utilizada en la época, proyectada por D. Manuel entre sus contemporáneos, fama en la que pone el acento el capitán Somoza y Quiroga[60]:

 

“Que con Fama inmortal, y Santo Zelo, / Viue ya por sus Timbres Coronado / En el Celeste Impireo de la Gloria, / Siendo eterna á los Siglos su memoria”.

 

Una exégesis similar vemos en el Elogio funeral de Medrano y Echáuz, quien afirma:

 

 “No murió, no, que viue coronado / […] Por la que aborrecer supo advertido, / Vida inmortal logrò, de Dios amado / […] Haziendo de su Fama al Mundo Templo / […] La Corona inmortal, que te ceñiste”[61].

Es la misma idea que se recoge en el siguiente romance:

 

“O tu, de lo Heroyco Exemplo, / […] O tu, de la Fama Cumbre! / o tu, del Valor Renombre!”[62].   

 

Más allá de la dudosa calidad artística presente en gran parte de los poetas citados, conviene aquí insistir en cómo en todos ellos subyace una intencionalidad laudatoria muy útil para los intereses propagandísticos de las élites dominantes, aspecto al que volveremos más abajo.

 

La muerte de D. Manuel se tradujo igualmente en la celebración de exequias en los conventos e iglesias que estaban bajo patrocinio ducal y en la mayor parte de las catedrales castellanas, entre las que destacó la de Burgos, así como en su protagonismo en algunos sermones, homenajes a los aventureros y fiestas de acción de gracias, incluso con presencia de Carlos II, que tuvieron lugar tras la toma de Buda[63].

 

Del impacto que la muerte de D. Manuel tuvo entre sus contemporáneos son también significativas las referencias en las fuentes a su proyección geográfica:

 

“Lloraron su cadaber / el Ebro, el Tajo, el Duero, / y el Guadiana oculto / lloró en profundidad, lloró hacia dentro”[64].

 

La misma idea aparece recogida en uno de los principales gaceteros del momento, Pizarro de Oliveros:

 

            “Fue asumpto panegirico de la misma admiración; si bien lamentable Tragedia que llorará siempre el Mundo, en el infeliz sucesso del fin, y contara de esta desgracia”[65].

 

Una noción parecida subyace asimismo en un soneto compuesto por Antonio de Ron Bernardo de Quirós, colegial de Alcalá:

 

“Tal fuè el Esclarecido / De Bejar Duque, en quien España aora / Lo que perdiò no sabe; aunque le llora”[66].

 

 

 

 

 

Génesis de la memoria del X duque de Béjar.

 

Ahora bien: ¿de dónde procede la información que manejan las fuentes? ¿Cómo se fraguó la proyección sobre sus coetáneos como guerrero cristiano que, como hemos visto, acabará definiendo sincrónicamente el constructo de la figura del duque de Béjar?, y ¿cómo evolucionó su memoria diacrónicamente?, esto es, ¿cómo se ha trasmitido hasta hoy el perfil historiográfico del duque de Béjar?

 

Podemos, aunque sea parcialmente, hacer alguna afirmación al respecto, al menos por lo que a su etapa en Buda se refiere. Si hacemos un recorrido inverso por la historiografía, observamos cómo, a comienzos del siglo XX, el cronista Emilio Muñoz, biógrafo del duque varias veces reeditado[67], apoyándose en algunas anotaciones previas del filósofo y erudito Nicomedes Martín Mateos[68], reproduce acríticamente la versión recogida en un documento anónimo, que no cita, conservado en la Sección Nobleza del Archivo Histórico Nacional de Toledo. Se trata de la Vida y gloriosa muerte por nuestra Santa Fè Católica del Excelentisomo Señor Duque de Bexar….[69], manuscrito coetáneo a D. Manuel de título significativo en el que están presentes ya las principales líneas maestras que definían su vida oficial: valor y religiosidad[70].

 

Este documento panegírico, contextualizable justo en un momento en que cobraban auge las biografías como instrumento pedagógico de carácter ejemplificante, ha servido de base, en general, a cualquier referencia en la escasa historiografía que ha citado al titular de Béjar, casi siempre sin un interés directo en él, sino sólo en relación con la guerra de Hungría. Sin embargo, tampoco este texto es una fuente primaria, porque en realidad, sigue poco menos que literalmente el Floro histórico, de Fabro Bremundán[71], creador de La Gazeta, antiguo colaborador principal en la exitosa política propagandística de D. Juan José de Austria y prestigioso cronista de las campañas contra el turco[72].

Sin embargo, tenemos constancia de que Fabro Bremundán nunca estuvo en Hungría. La pregunta, por consiguiente, es inmediata: ¿de dónde procede, entonces, su relato?

 

La respuesta la tenemos en la Biblioteca Nacional, donde se nos ha conservado una carta dirigida por D. Manuel a su madre, la duquesa viuda Dª Teresa, en la que le narra en primera persona sus hechos de armas en Buda[73], hechos que van a ser reproducidos casi en su literalidad por la mayor parte de las «relaciones de sucesos» hispanas y europeas de la época y, con ellas, por supuesto, por Fabro Bremundán.

 

En definitiva, se observa cómo es posible establecer una secuencia de transmisión desde D. Manuel a Fabro, de éste al texto conservado en Toledo y de él a Emilio Muñoz, quien, a su vez, es el referente para el conjunto de la historiografía contemporánea.

 

De este modo, cabe afirmar que el X duque de Béjar es la principal fuente de sí mismo, constructor primigenio, en consecuencia, de su propio «yo». Autopercepción de la propia identidad que será la base, por tanto, de la tradición que de él ha pervivido a través de la historiografía hasta la actualidad.

 

El retrato que D. Manuel proyectaba de sí mismo a través de su carta tendrá, en definitiva, frutos inmediatos en relación a la construcción de la imagen pública de su emisor. La utilización de la correspondencia por la Casa de Béjar para la exaltación del linaje no es, sin embargo, ni mucho menos, un caso aislado. Por el contrario, el intercambio epistolar revestía habitualmente, en el marco de las relaciones internobiliarias y de las prácticas cortesanas[74], una clara función publicística como impulsora del crédito y memoria de las estirpes nobiliarias[75]. En este sentido, la carta de D. Manuel a su madre cumplió exactamente su papel, más allá del mero contacto familiar. Que su objetivo era producir interesada y conscientemente opinión y forjar la reputación que en la época se conceptualizaba como «fama», se observa en el hecho de que el propio duque pida explícitamente a D.ª Teresa que difundiera sus hechos de armas, como por otra parte era habitual entre la nobleza guerrera de la época:

 

“Esta Carta sirva para todos los que quissieren saber nuevas mias; porque bien verá V. Exc. Que no he tenido tiempo, ni estaré descansado para hacer una relación particular a cada uno”[76].

 

Muy pronto Fabro recogerá el guante, puesto que incluirá la misiva del titular de Béjar, parafraseándole, tanto en las relaciones de sucesos como en el Floro histórico, utilizando explícitamente, además, el vocablo «memoria»:

 

“De estas mesmas expresiones usô el dueño de la acción, escriviendola el dia despues, à sus parientes, y amigos de España, y como en ellas, con admirable propiedad, reluzga su heroica viveza; en lugar de usurparnoslas nos hà parecido restituirlas reverentemente â su inmortal Memoria”[77].

 

Porque, en efecto, la efectividad de la difusión del constructo del duque se percibe en la gran cantidad de copias que de su epístola circularon no sólo en la correspondencia privada intercambiada por la nobleza, cuyos miembros casi de modo sistemático recogían en sus cartas la muerte de D. Manuel[78], sino también en forma impresa o, como ya sabemos, a través de la prensa, haciendo la familia (y no sólo la generación de los Zúñiga contemporáneos a D. Manuel) uso así de la capacidad tecnológica de la imprenta para difundir imagen y, también, para conservarla a través de los archivos, en este caso, familiares, que, no lo olvidemos, es el escenario, «locus», más habitual de la memoria y, por consiguiente, de la investigación histórica.

 

La misiva, que sería la última escrita por el duque, acabó concurriendo de modo determinante en la propagación de la percepción y juicio que sobre su persona tenían ya desde algún tiempo atrás sus contemporáneos, concepción que ponía el acento en su perfil guerrero y cristiano.

 

D. Manuel se convertirá muy pronto en el titular de Béjar más destacado en el seno de su propio linaje, al tiempo que su Casa veía sustancialmente ampliado su prestigio. Y es que las fuentes no perderán la ocasión de establecer vínculos entre las acciones de D. Manuel y sus antepasados, por una parte, y sucesores, por otra, «opera parentum». Los primeros son calificados por Bances como «purpureos ascendientes»[79]. El mismo nexo parental que está también presente en la siguiente composición:

 

“Zuñiga, que reconoce / La Sangre que le ilustrò, / En valor no le igualò / El mejor par de los Doze[80].

 

Repite un axioma similar el autor anónimo de un romance de gran éxito en la época:

 

“Siendo Manuel Descendiente / De Inclitos Progenitores, / Qué me admira, que su Sangre / Hazañas inclitas brote?[81]”.

 

El propio emperador Leopoldo recoge los méritos de los antepasados del duque en una carta de condolencia que dirige al marqués de Valero, su hermano:

 

“con esto mesmo [su muerte] añadió un nuevo lustre à los preclaros meritos de vuestros Antepassados[82]”.

 

Pero la «virtus» de D. Manuel está presente también en sus sucesores, quienes la reciben a través de la propia sangre. Así se explicita en el texto que Izquierdo Flores incluye en su obra como dedicatoria a D. Juan Manuel, primogénito y heredero del duque, en la que, más allá de la obvia parcialidad interesada de la fuente, subyace la idea comúnmente aceptada de la transmisión biológica de las cualidades de la nobleza:

 

“no murió [D. Manuel], aunque diò el vltimo aliento, porque dexando por heredero de su zelo, valor, y nobleza à V.Exc. vive, y vivirà prolongados años copiado perfectamente en su imitación […] No murio, pues supo trasladar su vida en la de V.Exc” [83].

 

Con todo, el prestigio de D. Manuel y de su linaje se verá incrementado ya inmediatamente después de su muerte en el imaginario colectivo, hasta el punto de que, por mucho que no resista la crítica histórica, las fuentes magnificarán su actuación en Buda atribuyéndole un papel protagonista en el desenlace final de la campaña, que, no lo olvidemos, se producirá casi dos meses después de su defunción. Precisamente esta idea es la que aparece en el siguiente texto, en el que se apuesta por una comparación de gran nivel:

 

“Gran cruz la de su espada,/ y gran Cruz la del leño;/ Si Dios conquistó un mundo,/ Zúñiga con la suya rindió un reino”[84].

 

Algo similar es lo que introduce Izquierdo Flores en la dedicatoria de su libro, cuya temática son las guerras de Hungría:

 

“El assumpto del Libro principalissimamente es la conquista de las dos importantissimas Plaças de Buda, y Belgrado (…) pues llego a decir sin temor alguno, que no se viera exaltado el Catolico Estandarte de la Religion Christiana en ellas, si no fuera à expensas del generoso aliento de su  sangre [se refiere  D. Manuel], pues ni la segunda se hubiera sacado del poder otomano, sin avasallar la primera; ni esta hubiera logrado la dicha de la Fè Catolica de que oy goza, si no se hubieran sus campos regado con la sangre excelsa de la Casa mas que grande de Bejar”[85].

 

En esta misma línea de enaltecimiento deben entenderse los numerosos epítetos con los que, tanto en prosa como en verso, será calificado el titular de Béjar, casi siempre en conexión con la mitología grecolatina: Marte, Marte segundo, nuevo Marte, Marte español, Marte adjunto, Alexandro esclarecido, Héctor, Cipión, generoso Peleo, Fénix español, Teseo o Vulcano (en relación con el episodio, más arriba descrito, de Oudenaarde), además de Cid hispano, por mencionar los más frecuentes[86].

 

A la consolidación del prestigio y a la transmisión de la memoria del titular de Béjar, por otra parte, contribuirá también la iconografía palaciega, como se desprende de los escasos retratos y cuadros vinculados a la biografía militar del duque que se nos han conservado[87]. Sin embargo, es este un aspecto que permanece hoy todavía mal estudiado.  

 

 

A modo de conclusión. D. Manuel, arquetipo de la pedagogía del poder.

 

Más allá del interés personal de D. Manuel en legar una memoria individual que contribuyese a la fama colectiva de su linaje, factores ambos determinantes en la evidente parcialidad manifestada en las fuentes que se ocuparon de su figura, la consolidación de la memoria histórica del duque fue también posible gracias a la confluencia en su trayectoria vital de buena parte de los ideales dominantes en el Seiscientos, identificados en gran medida con los propios de los grupos oligárquicos. Es por ello que dichas oligarquías, a través de los Zúñiga, instrumentalizarán la vida del X titular de Béjar como pedagogía del poder, impulsando en la Corte la publicitación de opiniones favorables al linaje y, por consiguiente, a su grupo social, al cual contribuye a consolidar. Coinciden, en definitiva, determinación de los Zúñiga por construir y trasmitir memoria, y utilidad propagandística de la nobleza, comprometida en la pervivencia, junto a otros modelos de lo nobiliario, del ideario del guerrero mártir como exponente de su función colectiva como defensores del cuerpo social, la cruz y la monarquía, es decir, como «bellatores», revalidando así el soporte ideológico que tradicionalmente había legitimado sus privilegios y las desigualdades jurídicas de su ordo. De ahí la aludida identificación de las virtudes personales del titular de Béjar con las de los grupos nobiliarios del siglo XVII que vemos reflejada en el siguiente poema de Somoza y Quiroga:

 

“Goze toda la Estirpe valerosa / De los Grandes de España, este trofeo; / Pues tu sangre, y la suya, es vna cosa, / / Que ilumina de todos el deseo, / Y la fama de dos basta gloriosa, / Para luzir por todos el empleo; / Porque si fueran muchos ofendieran, / Al Sol, en los fulgores que adquieran”[88].

 

Aunque la cuantía de la presencia de las hazañas de D. Manuel en las vías más habituales de circulación de la información escrita descolló incluso cuantitativamente respecto a otras eventualidades de diferentes biografías de nobles en ellas reseñadas, en lo que no fue ajeno el interés coyuntural suscitado por las campañas contra el turco entre la opinión pública de los ochenta y el interés de la propia monarquía en la legitimación de su oficiosa empresa militar en Hungría[89], el tratamiento de su figura por las fuentes no es, ni mucho menos, excepcional. Por el contrario, un discurso como el hasta aquí descrito, que presenta a D. Manuel como emulador de sus antepasados, héroe guerrero y mártir católico, forma parte no sólo de los postulados más al uso de la nobleza tardobarroca, sino, por ende, del conjunto social si se asume, como se ha vuelto a insistir en una publicación ya más arriba citada[90], que los valores encarnados por la nobleza, modelo y a la vez reflejo de la sociedad, constituyen un verdadero paradigma social que permite definir la modernidad como la edad de la nobleza[91], esto es, como una «realidad sistémica» central para la comprensión de esta etapa histórica. D. Manuel, en un contexto en que la tratadística sobre la idea de qué es ser noble generaba entre los nobilistas un significativo y aparentemente contradictorio debate entre sangre y servicio, ejemplifica muy bien las facultades intrínsecas a la nobleza, es decir, las ligadas a la transmisión de la excelencia por la sangre, pero por encima de ella, y de acuerdo con el axioma platónico «nobilitas est virtus», la «fama», en el caso del titular de Béjar, se vinculaba a ojos de sus contemporáneos mucho más directamente que al nacimiento a sus propios méritos, derivados de una trayectoria vital virtuosa y «honrada», es decir, acorde con las pautas de comportamiento esperables de su grupo social justo en el momento en que, además, la nobleza, aunque legitimada por la sangre, presentaba sin embargo un alejamiento de sus virtudes guerreras tradicionales habida cuenta de su creciente desafección respecto a su oficio de las armas:

 

“Nazer un Hombre Grande, Esclarecido, / Es nacer con la suerte de dichoso; / Pero morir con Fama Glorioso, / Es excederse de lo que ha Nacido”[92].

 

            Así visto, el caso del X duque de Béjar pone de manifiesto la coexistencia en el siglo XVII avanzado de distintos modelos de nobleza y cómo cada sujeto y linaje recurren y utilizan los modelos existentes que más se adaptan a sus circunstancias. A pesar del proceso de civilización y de la transformación del noble guerrero a  noble cortesano y político y agente de producción cultural y artística, el aspecto militar y religioso, entroncado con el caballero cristiano de origen medieval, predominante en D. Manuel, seguía formando parte del discurso de legitimación de la nobleza todavía a finales del setecientos, mostrando la adaptabilidad de este grupo social a las transformaciones socioculturales y políticas.

 

En todo caso, la vida y muerte del duque personifican muy bien los axiomas de lo nobiliario y, en consecuencia, van a ser publicitadas desde muy pronto por los círculos oficialistas próximos a su familia. Y es que su biografía era susceptible de contribuir con eficiencia como discurso legitimador a la perpetuación del orden social establecido y de sus privilegiados, de los que el titular de Béjar formaba, obviamente, parte, cumpliendo así una función de reproducción social y de preservación del rango. Es por ello que muchas veces la trayectoria vital del duque es considerada por sus coetáneos como ejemplificante:

 

“El que viuir solicita / Vida Inmortal, seguir quiere / Sus passos, por si se adquiere / La Gloria de que se imita. / Al riesgo no se limita, / Quando su Sangre derrama, / El que en su Exemplo se inflama”.

 

D. Manuel es ejemplo paradigmático a seguir también en otro soneto del mismo autor, Medrano y Echáuz:

 

“Descansa, de Esplendores coronado; / Pues es Clarin Sonoro de tu Historia / La persuasion del Exemplo tan Sagrado” [93].

 

No es casual, por consiguiente, que el duque acabe alcanzando como recompensa a su «virtus», siguiendo un axioma esencialmente barroco, la «inmortalidad» a través de la «fama». La «fama», memoria que podríamos denominar incipiente o inmediata, convierte a los ojos de sus panegiristas a D. Manuel, en «inmortal», es decir, sujeto de una memoria ya permanente. A este respecto es muy significativa la expresión “fénix” que usa su preceptor, Bartolomé Ponce de León, en los siguientes versos que dedica a su discípulo: “Al Fenix Español (que à mejor Vida / De su Fama renaze Esclarezida)”[94].   

 

Renacer que forma parte también del epitafio incluido en el Consuelo catolico dedicado al tío ciego del duque, Diego de Silva Sarmiento, por un anónimo «aficionado suyo»: “Non itaque H[ic] S[itus] E[st] sed H[ic] satus E[st].”, que el propio texto traduce libremente como “No, pues, aquí sepultado yaze: antes bien, aquí, sembrado, renace”[95].

 

Poco después de la muerte de D. Manuel las duquesas madre y viuda, Dª Teresa y Dª Alberta, recibían cartas de consuelo procedentes del padre Aviano, el duque de Lorena, el emperador Leopoldo y el rey Carlos II, así como un breve escrito por el papa Inocencio[96]. La familia dará a conocer, por los mismos medios y con la misma finalidad, estas misivas, en todas las cuales sus diversos autores ponían sin excepción el acento precisamente tanto en las hazañas del guerrero como en las virtudes del cristiano, que son, no casualmente, los dos soportes que nos han dejado memoria del X duque de Béjar.

 

El de D. Manuel es un constructo que, mantenido por sus sucesores, interesados, de acuerdo con unas prácticas muy habituales en el conjunto de la nobleza, no sólo en rememorar un pasado glorioso, sino también en comunicar vertical o diacrónicamente el discurso del linaje, harán de su figura el elemento familiar más preciado para la trasmisión y conservación del prestigio colectivo de los Zúñiga, conscientes de su bagaje histórico[97]. De hecho, la figura del duque fue pujante mientras continuó existiendo la cultura aristocrática y, sobre todo, el orden social que la sustentaba, esto es, el Antiguo Régimen. Valgan al respecto sólo dos ejemplos. En 1718, con ocasión de la muerte en Madrid de la entonces duquesa Dª. Rafaela, un sermón oficiado en México, donde el marqués de Valero ejercía el cargo de virrey, asimilaba a Abraham con el tronco común del linaje Zúñiga en su conjunto, mientras que identificaba a D. Manuel con Isaac, el hijo de aquel casi sacrificado por la fe por voluntad divina y cabeza de una descendencia señalada[98]. Casi cincuenta años más tarde, en el siglo XVIII avanzado, apenas a una década vista del inicio de la Revolución Francesa,  D. Manuel era incluido como personaje principal en una obra de teatro de Vidal y Salvador[99], lo cual no deja de ser un indicio de que la «fama» y prestigio del duque se habían mantenido en el tiempo. Sólo las revoluciones liberales decimonónicas y la consolidación de nuevos grupos dominantes, con sus propios axiomas ideológicos, acabaron desdibujando definitivamente la figura del X titular de Béjar, un oligarca célebre en su tiempo, la edad de la nobleza, de cuyos valores como sistema es espejo; razón que también explica por qué su muerte fue capaz de conmocionar a la sociedad castellana del Seiscientos, por más que hoy su semblante haya quedado relegado en la historiografía[100].

 

 



* Artículo recibido el 28 de septiembre de 2015. Aprobado el 14 de diciembre de 2015.

[1] Al respecto, un estado de la cuestión actualizado puede verse en José Antonio GUILLÉN BERRENDERO, “Reyes de armas, blasones y discursos: algunas notas en torno a los conflictos sobre la nobleza y su definición en el Barroco”, en Atlanta, nº III, vol. 1 (2015), en especial pp. 55-67.

[2] Carolina BLUTRACH, El III conde de Fernán Núñez. 1644-1721, Madrid, CSIC-Marcial Pons, 2014.

[3] Este texto tiene su origen en una comunicación presentada al congreso Gestores de lo escrito realizado en Madrid en junio del 2015. Quisiera expresar mi agradecimiento a los organizadores del mismo por su amable invitación a participar y en particular al profesor Fernando Negredo, siempre generoso conmigo en lo personal y en lo académico.

[4] Emiliano ZARZA SÁNCHEZ, La participación del X duque de Béjar, D. Manuel de Zúñiga, en el sitio de Buda (1686), Béjar, Centro de Estudios Bejaranos, 2014.

[5] Una teoría de la percepción en Honorio Manuel VELASCO MAILLO, Hablar y pensar, tareas culturales. Temas de antropología lingüística y antropología cognitiva, Madrid, UNED, 2014.

[6] Antonio SOMOZA Y QUIROGA, Sucinto y verdadero elogio de la heroyca vida y gloriosa muerte del Duque de Béjar, s.l., s.e, ¿1686?

[7] Soneto incluido en las Poesias donde constrvyen los cisnes de Manzanares la inmortalidad del heroyco D. Manuel Diego Lopez de Zuñiga, dvque de Bejar, Madrid, Sebastián de Armendáriz, ¿1686?, s.p.

[8] Serafín María de SOTO (Conde de Clonard),  Historia orgánica de las Armas de Infantería y Caballería Españolas desde la creación del ejército permanente hasta el día, Tomo VIII, Madrid, B. González-Castillo, 1851, pp. 455 a 516.

[9] Archivo Histórico Nacional, Sección Nobleza (de aquí en adelante AHN-SN), Osuna, C.255, D.16. El acontecimiento tuvo una notable difusión en la época. Véase también, por ejemplo, AHN-SN, Osuna, C. 2553, D.7, AHN-SN, Osuna, C. 2553, D. 27 o AHN-SN, Osuna, C.2553, D.28, fol. 8.

[10] AHN-SN, Osuna, C.255, D.16. Un contexto amplio de las guerras en Flandes puede verse en LONCHAY, Henri. La rivalité de la France et de L´Espagne aux Pays-Bas (1635-1700). Étude d´Histoire diplomatique et militaire, Bruxelles, Hayez, 1896.

[11] Sin entrar ahora en un debate historiográfico en torno a la identidad de la nobleza, aspecto al que nos referiremos más adelante, conviene recordar la tesis de Elías, que puede ser matizada todo lo que se quiera, en torno a la «domesticación de la nobleza» y su cortesanización. Nobleza y Corona son polos de una relación dialéctica de colaboración y conflicto con el poder que gira en torno a la obtención de patrimonio, riquezas, gajes, etc., por los grupos nobiliarios, en detrimento de su papel tradicional, de cuño medieval, como «bellatores» que habían obtenido ancestralmente sus prebendas y preeminencia social del control de la tierra en sus Estados, donde residían. Véase Norbert ELÍAS, La sociedad cortesana, México, FCE, 1982.  

[12] Miguel Antonio NÚÑEZ DE RON Y VALCÁRCEL, A la jornada, y muerte de el Excelentissimo señor Duque de Bejar, s.l.,s.e, ¿1686?, s/p.

[13] Antonio SOMOZA Y QUIROGA, Sucinto y verdadero elogio […], op. cit., p. 4

[14] AHN-SN, Osuna, C. 2553, D. 28, fol. 1. Nos recuerda Antonio de ZAMORA su presencia en Flandes a través de uno de sus poemas: “Aun no cree el Belga elado, / Que en sus Payses falte / Heroe, à cuyo ardimiento / Le sobro lo Español para ser Marte”, incluido en Poesias donde constrvyen los cisnes de Manzanares la inmortalidad del heroyco D. Manuel Diego Lopez de Zuñiga, dvque de Bejar, Madrid, Sebastián de Armendáriz, ¿1686?, s.p.

[15] Charles JAGO, “La « crisis de la aristocracia » en la Castilla del siglo XVII”, en ELLIOTT, John H. (ed.), Poder y sociedad en la España de los Austrias, Barcelona, Crítica, 1982, pp. 249 – 286.

[16] Hemos tenido ocasión de abordar con amplitud estos aspectos en Emiliano ZARZA, La participación del duque […], op. cit., en especial cap. 7, pp. 135-154.

[17] Pere MOLAS RIBALTA, “Prólogo”, en Ramón MENÉNDEZ PIDAL, (dir.), Historia de España. Tomo XXVIII: La transición del siglo XVII al XVIII. Entre la decadencia y la reconstrucción, Madrid, Espasa-Calpe, 1997 (3ª edic.), p. 26.

[18] Una actualización de los cambios en las relaciones entre Madrid y Viena puede verse en Rubén GONZÁLEZ CUERVA, “La última cruzada: España en la guerra de la Liga Santa (1683-1699)”, en Porfirio SANZ CAMAÑES, Tiempo de cambios. Guerra, diplomacia y política internacional de la Monarquía Hispánica (1648-1700), Madrid, Actas, 2012, pp. 221-248 y Antonio José RODRÍGUEZ HERNÁNDEZ, “El precio de la fidelidad dinástica: colaboración económica y militar entre la Monarquía Hispánica y el Imperio durante el reinado de Carlos II (1665-1700)”, Studia Historica. Historia Moderna, 2011, nº 33, pp. 141 a 176.

[19] Su acción fue recogida por Pedro BARRANTES MALDONADO, paje del duque de Béjar, en Las trobas siguientes hizo Pedro barrates maldonado estando en alemaña en la guerra d'l turco en fvor d'los españoles co vn romace en q se recueta la inpita y muy valerosa partida del yllustrissimo señor duq de bejar ala mesma guerra, Salamanca, Rodrigo de Castañeda, s.p., incluido también en el romancero (IGR, Índice General del Romancero, nº 2385, Súbita partida del Duque de Béjar a la guerra).

[20] Antonio SCHMIDT-BRENTANO, Kaiserliche und k.k. Generale (1618-1815), Viena, Österreichisches Staatsarchiv, 2006, p. 59.

[21] Antonio PIZARRO DE OLIVEROS, Historia de los sucessos de Vngria, en que gloriosamente campean las invencibles armas del maximo emperador Leopoldo primero, por la feliz restauracion  de la Real Fortaleza de Buda, conquistada en dos de Septiembre de 1686, Ámsterdam, Jacomo de Cordova, 1690, p. 55.

[22] Juan HERNÁNDEZ FRANCO, José Antonio GUILLÉN BERRENDERO y Santiago MARTÍNEZ HERNÁNDEZ (dirs.), “Introducción”, en Nobilitas. Estudios sobre la nobleza y lo nobiliario en la Europa Moderna, Madrid, Doce Calles, 2014, pp. 9-20. En la misma publicación, Antonio TERRASA LOZANO desarrolla esta idea, centrada en los Reinos hispanos, en su artículo “De «donde proceden los ilustres progenitores de la Excelente Casa»: la colonización narrativa de los Reinos en los discursos familiares de la nobleza (siglo XVII)”, pp. 203-225

[23] Nicolás OLIVER Y FULLANA, Recopilación histórica de los Reyes, guerras, tvmultos, y rebeliones de Vngria. Desde su poblacion por los Hunnos, hasta el año presente 1687 espacio de mas de mil y ducientos, Colonia, Baltazar ab Egmont, 1687, p. 240.

[24] Francisco FABRO BREMUNDÁN, Floro historico de la Guerra Sagrada contra tvrcos, tercera parte, qve contiene los svcessos del año M.DC.LXXXVI, Madrid, Antonio Román, 1687, p. 129. El episodio está también descrito líricamente en Somoza y Quiroga: “Mirandole el Honor Europa junto / El Dia seis de Iulio vieron todos, / Que Nuestro Duque, joben de alto punto / Ocupó el puesto, que perdieron Godos / Caudillo, Campeon, y Marte adjunto, / De cinquenta Españoles Visigodos, / Manteniendo, los vientres en la tierra, / La labor de Mina, en cruda Guerra” (Antonio SOMOZA Y QUIROGA, Sucinto y verdadero elogio […], op. cit., p. 7).

[25] Francisco FABRO BREMUNDÁN, Floro historico […], op. cit., p 130.

[26] El recinto de la fortaleza contaba con un doble amurallamiento en su sector norte. El cerco más externo, que daba paso a la «ciudad inferior», había sido abatido por los cristianos con anterioridad. Los esfuerzos de los asaltantes se concentraban ahora en este mismo sector, pero en la muralla interior (entorno del actual  «Anjou Bástya» - Bastión de los Anjou), que daba paso a la «ciudad superior»; reconstrucción basada en Francisco FABRO BREMUNDÁN, Floro histórico [], p. 129.

[27] AHN-SN, Osuna, C.255, D.28, fol. 17.

[28] Nicolás de OLIVER Y FULLANA, Recopilación histórica [], p. 241. Para una valoración de los tópicos asociados a las acciones de los tercios de cada nación y a la tradición-derecho, de los españoles de ir en primera línea de ataque, véase Geoffrey PARKER, El ejército de Flandes y el Camino Español. 1567-1659, Madrid, Alianza Editorial, 2006 (2º reimpres., 1ª edic. española, 1985), en especial p. 50.

[29] Francisco FABRO BREMUNDÁN, Floro histórico [], op. cit., p. 137.

[30] Ibídem.

[31] Siendo prolijo su listado, queremos destacar aquí tan sólo, a manera de ejemplo, su mención en las «relaciones de sucesos» impresas por Fabro Bremundán y Sebastián de Armendáriz. Está asimismo referido en las obras recapitulatorias sobre las guerras de Hungría de ambos autores, así como en Oliver y Fullana, Izquierdo Flores, Pizarro de Oliveros, Montalvo, etc. El tema fue también frecuente en la literatura poética del momento.

[32] AHN-SN, Osuna, C.255, D.28. Dirección por el sacerdote, redacción del testamento, sacramentos de la penitencia, el viático y la extremaunción, y conducción de la «agonía» propiamente dicha, son los aspectos centrales del buen morir definidos por el profesor Martínez Gil, todos ellos presentes en el fin del duque de Béjar. Véase Fernando MARTÍNEZ GIL, Muerte y sociedad en la España de los Austrias, Madrid, S.XXI  Edit., 1993, p. 363.

[33] Carta de consuelo del padre Aviano por la muerte de D. Manuel a la duquesa de Béjar. Buda, 19 de julio de 1686. Publicada por primera vez, que nosotros sepamos, en Sebastián de ARMENDÁRIZ, Relacion historica Del año 1686 tocante al estado, sucessos, y progressos de la liga sagrada contra turcos. Publicada el martes 10 de septiembre, Madrid, Imprenta de Antonio Román, 1686.

[34] AHN-SN, Osuna, C.255, D.28, fol. 22. Varios poetas, entre ellos Medrano y Echáuz, recogen el mismo augurio: “Abrasado en Santo Zelo, / Subiò su Espiritu al Cielo / […] La Devocion con Maria, / […] Le hizo feliz, de su Fiesta, / Gozar el Eterno Dia” (Pedro MEDRANO Y ECAHUZ, Elogio funeral en que se descrive parte del ardimiento generoso con que en todas ocasiones sobresaliò el señalado valor del Duque de Bejar, siendo el primero en el Assalto a Buda, s.l.,s.e, ¿1686?).

[35] Un tratamiento más amplio al respecto puede verse en Emiliano ZARZA SÁNCHEZ, “La religiosidad de D. Manuel de Zúñiga y el milagro de Guzmán”, en Estudios Bejaranos, 18, 2014, pp. 9–32.

[36] AHN-SN, Osuna, C.255, D.28.

[37] Alejandro LÓPEZ ÁLVAREZ, Huesos y olores santos en el Béjar del siglo XVII. Discurso de Ingreso en el Centro de Estudios Bejaranos, Béjar, abril de 1998, p. 27.

[38] Padre José de SANTA CRUZ, Crónica de la Santa Provincia de San Miguel del orden de Nuestro Seráfico Padre San Francisco, s.l.,s.e., 1671, p. 496.

[39] AHN-SN, Osuna, C.255, D.3.

[40] Fray Andrés de GUADALUPE, Historia de la Santa Provincia de los Angeles de la orden de San Francisco, Madrid, Mateo Fernández, 1662, pp. 133-134.

[41] AHN-SN, Osuna, C.255, D.28, fols. 29 y 30.

[42] Emilio MUÑOZ GARCÍA, Historia del Buen Duque Don Manuel de Zúñiga, Béjar, Imprenta Mª R. Sánchez-Guijo, 1976 (4ª edic.; 1º edic. 1926), p. 19.

[43] AHN-SN, Osuna, C.255, D.28, fol. 8.

[44] AHN-SN, Osuna, C.255, D.28, fol. 30. Sabemos que D. Juan Manuel, primogénito de D. Manuel, sufría ataques de «alferecía». En cierta ocasión, cuando el niño contaba un año, el duque encomendó a la Virgen de Guadalupe su curación, para lo cual le dejó con su imagen a solas rogándole que hiciera con él su voluntad.

[45] Esto fue lo que ocurrió, por ejemplo, cuando D. Manuel se dirigía a Hungría. Al llegar a la isla de Schutt, en el Danubio, un impulso indujo a D. Manuel a fondear en ella, momento en que encontró una estampa de la Virgen, imagen que fue considerada por el duque como una señal de protección mariana para él y sus hombres (AHN-SN, Osuna, C.255, D.28, fol. 14).

[46] Entre los numerosos episodios de piedad mariana de D. Manuel, que se concretaba especialmente en las advocaciones del Carmen y Guadalupe, cabe traer aquí, además de múltiples donaciones, su evisceración para que su corazón reposase en este último monasterio. Véase para ambos extremos Pascual MADOZ, Diccionario geográfico-estadístico-histórico de España y sus posesiones de Ultramar, Tomo IX, Madrid, 1847, voz “Guadalupe”, p. 28.

[47] AHN-SN, Osuna, C.255, D.28, fol. 12: “No es de menor ponderacion lo que sucedio en Milan el mismo dia que el Duque murio, pues en este llego una persona al torno de las Carmelitas Descalzas, y le dijo a la tornera Madre diga Vuestra Merced a las Religiosas que aquel hombre que iba a la Guerra de Ungria, y les dejo una limosna ya ha muerto, y assi Vuestras Mercedes encomiendenle a Dios”.

[48] AHN-SN, Osuna, C.374, D.2 (29).

[49] AHN-SN, Osuna, C.2553, D.25. Carta de 13 de enero de 1687.

[50] Biblioteca Nacional (de aquí en adelante BN), Mss. 2074, s.f.

[51] Análisis muy útiles y recientes del uso de la publicística y su impacto en la naciente opinión pública puede verse en Luís SALAS ALMELA, “Vasallos de su rey: legitimación social y discursos de poder nobiliario en la Casa de Medina Sidonia”, en Francisco Javier GUILLAMÓN ÁLVAREZ,  Julio David MUÑOZ RODRÍGUEZ y Domingo CENTENERO DE ARCE (edits.), Entre Clío y Casandra. Poder y sociedad en la Monarquía Hispánica durante la Edad Moderna, Murcia, Universidad de Murcia, 2005, pp. 95-116; Rosa María ALABRÚS IGLESIAS, “La trayectoria de la opinión política en la España Moderna”, Obradoiro de Historia Moderna, nº 20, 2011, pp. 337-354;  y en Michelle OLIVARI, Avisos, pasquines y rumores. Los comienzos de la opinión pública en la España del siglo XVII, Madrid, Crítica, 2014.

[52] Miguel DESLANDES, Relaçam historica pertencente ao estado, successos & progressos da Liga Sagrada contra Turcos. Publicada nesta Corte de Lisboa a 30 de Iulho, Do Anno de 1686, Lisboa, Miguel Deslandes, 1686.

[53] Sebastián de ARMENDÁRIZ, Relacion historica Del […] 10 de septiembre […], op. cit., s/p.

[54] Algunos de estos autores forman parte del círculo judío de intelectuales, comerciantes y diplomáticos del noroeste europeo con los que D. Manuel mantuvo contacto en su etapa como maestre de campo en Flandes. Véase Emiliano ZARZA SÁNCHEZ, La participación del X Duque […], op.cit., pp. 17 y ss. Puede hallarse la bibliografía de todas las fuentes citadas a lo largo del presente trabajo.

[55] Véase al respecto Ana María CARABIAS TORRES, “La producción editorial sobre el Imperio Otomano y los turcos en España (1470-1850). Una investigación in fieri”, en Tiempos modernos, 20, p. 16, on line en http://www.tiemposmodernos.org, último acceso 15 de octubre de 2015. La muerte de D. Manuel, fue, precisamente, el punto álgido publicístico de la empresa Húngara.

[56] Incluidas en las Poesias donde constrvyen los cisnes de Manzanares la inmortalidad del heroyco D. Manuel Diego Lopez de Zuñiga, dvque de Bejar. Madrid, Sebastián de Armendáriz, ¿1686?, s.p.

[57] Francisco Antonio de BANCES CANDAMO, La comedia de la restavracion de Buda. Fiesta Real, Madrid, Sebastián de Armendáriz, 1686, p. 24.

[58] AHN-SN, Fernannuñez, C.1562, D.2-1: Varias poesias de la Justa Poetica que celebraron los Cavalleros de la Academia de las Ciencias en casa de Don Vicente Dalco de Belaochaga, en las Fiestas de la toma de Buda que sucedió a 2 de setiembre del año 1686 y se celebro a 24 de octubre del mismo año. Se puede incluir en este grupo también a Pablo PALOPS Y BALDÉS, Loa que se ha de executar, en celebración de la toma de Buda, en Casa dl Excelentisimo Señor Don Francisco Enrique, del Sacro Romano Imperio, Conde de Monfleldt, s.l.,s.e., ¿1686?

[59] Los dos autores mencionados componen algunas de las Poesias donde constrvyen los cisnes […], op.cit., s/p.

[60] Antonio SOMOZA Y QUIROGA, Sucinto y verdadero elogio […], op.cit, p. 2:

[61] Pedro de MEDRANO Y ECHÁUZ, Elogio funeral […], s/p:

[62] Bartolomé PONCE DE LEÓN, Romance y sonetos a la feliz, quanto temprana muerte del Excelentisimo Señor Don Manuel Diego Lopez de Zuñiga Cerda y Sarmiento, Marquès de Venalcazar y Duque de Bejar, del Toyson de Oro, en el assalto de la Plaça de Buda (AHN-SN, Osuna, C.2553, D. 22).

[63] BN, Varios especiales, 127-27.

[64] AHN-SN, Osuna, C. 255, D. 28.

[65] PIZARRO DE OLIVEROS, Antonio. Historia de los sucessos de Vngria […], op. cit., p. 59.

[66] Al Excelentissimo señor Dvque de Bejar, s/l, s/p [BN, VC/294/2(3)]. Otro caso similar más, entre los muchos posibles, en Antonio FAJARDO Y ACEVEDO, Varios romances escritos a los sucessos de la Liga Sagrada desde el Sitio de Viena, hasta la Restauracion de Buda. Romance XIII, Valencia, Iayme Bordazar, 1687, p. 47.

[67] Emilio MUÑOZ GARCÍA, Historia del Buen Duque Don Manuel de Zúñiga, Béjar, Imprenta Mª R. Sánchez-Guijo, 1976 (4ª edic.; 1º edic. 1926).

[68] Nicomedes MARTÍN MATEOS, “El sepulcro encontrado en el Convento de la Piedad de Béjar, en 10 de diciembre de 1871”. Béjar: Periódico La Victoria, 22 de febrero de 1872.

[69] AHN-SN, Osuna, C.255, D.28: Vida y gloriosa muerte por nuestra Santa Fè Catholica del Excelentisimo Señor Duque de Bexar de Mandas Plasencia Don Manuel Diego Lopez de Çuñiga y Guzman Sotomayor y Mendoza en al Asedio de Bvda en la Ungria de Austria a 17 de Julio de 1686.

[70] Alguna interpolación y determinadas frases hechas que aparecen en el Floro histórico, de Fabro Bremundán (véase más abajo), permiten conjeturar que, tal vez, el promotor de la Vida y gloriosa muerte pudo ser el hermano del duque, esto es, D. Baltasar de Zúñiga (1659–1727), II marqués de Valero, puesto que, combatiente también en Buda, su nombre está añadido en determinados episodios de guerra junto a su hermano que, sin embargo, no aparecen en el texto de Fabro. La campaña húngara y la muerte de D. Manuel era una oportunidad que generaba prestigio no sólo para D. Manuel, sino para el conjunto del linaje: la iniciativa del duque de Béjar fue continuada por sus sucesores, de los cuales, de hecho, D. Baltasar será el primero ante la minoría de edad de su sobrino, D. Juan Manuel.

[71] Francisco FABRO BREMUNDÁN, Floro histórico […], op.cit.

[72] Una aproximación a la mal conocida biografía de Fabro puede verse en Pilar LAMARQUE, “Algunas noticias sobre Francisco Fabro Bremundans”, en Revista de Archivos, Bibliotecas y Museos, LXXIII, 1, enero-junio de 1966, pp. 237-244, y, de la misma autora, “Cartas de Francisco Fabro Bremundans al Dr. Diego J. Dormer”, en Revista de Historia Jerónimo Zurita, 23-24, 1970-1971, pp. 191-201. Fabro (1621?-1698), nacido en Besançon, es, por su recorrido, probablemente el gacetero del siglo XVII mejor informado y con más contactos. Figura cosmopolita de gran cultura, se educó al lado de Saavedra Fajardo, su primer protector (Ibídem, p. 192). Políglota, fue secretario de varios aristócratas españoles, Oficial Mayor de Lenguas de las Secretarías de Estado y Guerra, secretario del Consejo del rey e intérprete real de lengua latina en la Secretaría de Estado del Norte. Estuvo al servicio, asimismo como secretario, de D. Juan José de Austria,  el hijo natural de Felipe IV. Con él vino a España, en 1659, tras haber ejercido éste el gobierno efectivo de Flandes. Fabro estará ya siempre vinculado al anhelo de poder, varias veces pospuesto, del futuro valido. Será D. Juan José quien, tras volver a obtener el mando del ejército en las guerras de Portugal, curtido en sus campañas europeas en el recurso a la propaganda  y consciente del potencial de la prensa como instrumento político, promueva la creación de la Gaceta de Madrid (1661), tarea que encargará a Fabro (Juan PÉREZ DE GUZMÁN Y GALLO, Bosquejo histórico documental de la Gaceta de Madrid, Madrid, Imprenta de la sucesora de M. Minuesa de los Ríos, 1902, p. 44).  Las vicisitudes de la Gaceta, que sufrirá diferentes cambios de nombres (vid. Sara NUÑEZ DE PRADO, “De la Gaceta de Madrid al Boletín Oficial del Estado”, en Historia y Comunicación Social, 7, 2002, pp. 147-160), así como la propia vida profesional de Fabro, estarán ya unidas a la trayectoria política del hermano natural de Carlos II. Exiliado éste en Zaragoza tras el fracaso en su primer intento de tomar el poder, instará a Fabro (1673) en la ciudad aragonesa a elaborar una biografía de fines propagandísticos, centrada en sus hechos de armas, al objeto de informar de sus acciones victoriosas para rentabilizarlas (Marcelino TOBAJAS, “El siglo XVII, germen de la prensa”, en El periodismo español. Notas para su historia, Madrid, Ediciones Forja, 1984, p. 16). Fabro demostrará entonces una convincente habilidad en los asuntos de opinión y publicística, mostrándose adecuado para la manipulación eficaz de la opinión mediante el recurso a la sátira y los escritos políticos que tanto había rentabilizado el Austria (Adolfo CARRASCO MARTÍNEZ, Sangre, honor y privilegio. La nobleza española bajo los Austrias, Barcelona, Ariel Practicum, 2000, p. 107). Tras el golpe de Estado que convertía a D. Juan José en primer ministro de Carlos II (1677), Fabro comprará el «oficio de gacetero», esto es, el cargo de gacetero oficial (Juan PÉREZ DE GUZMÁN Y GALLO, op.cit., p. 53 y CODOIN, t. 67, p. 120).  En 1683 recibirá el privilegio de gacetero concedido por Dª Mariana de Austria, su nueva protectora, a pesar de que D. Juan José, quien había fallecido en 1679, había sido, como es sabido, el principal antagonista de la regente austríaca y responsable de su exilio a Toledo. En paralelo a la existencia de la Gazeta en esta nueva fase, Fabro editará otros periódicos, así como algunas publicaciones más largas en forma de libros, como es el caso del Floro histórico, completando de este modo una vida dedicada a la generación prolífica de numerosos opúsculos de temática variada, siempre de carácter divulgativo y noticioso.

[73] Copia de carta del excelentissimo señor Duque de Bejar escrita de su letra a la Excelentisima Señora Duquesa su madre, en el campo sobre Buda. Su fecha a siete de julio de este año de 1686. Se halla, con las pp. 154 a 158, en una recopilación de textos de época sobre diversos temas, conservada en la BN (Mss, R31.473-10). La misiva forma parte de un elenco de documentos directos, relativamente amplios, referentes a la fase húngara de D. Manuel, entre los que destacan su testamento militar (AHN-SN, Osuna, C. 2553, D. 20) y un conjunto de cartas intercambiadas entre la duquesa madre Dª Teresa y su hijo el marqués de Valero (AHN-SN, Osuna,  D.2553, D.25) o el caballero Marín  y el duque del Infantado (AHN-SN, Osuna, CT.73, D.1 y D.3), esta última especialmente importante porque describe la muerte de D. Manuel, siempre en un tono laudatorio.

[74] Véase al respecto Fernando BOUZA ÁLVAREZ. “Escribir en la corte. La cultura de la nobleza cortesana y las formas de comunicación en el Siglo de Oro”, en AAVV, Vivir en el Siglo de Oro. Poder, cultura e historia en la época moderna. Estudios en homenaje al profesor Ángel Rodríguez Sánchez, Salamanca, Edic. de la USAL, 2003, pp. 77-99 y, sobre todo, Santiago MARTÍNEZ HERNÁNDEZ, “Memoria aristocrática y cultura letrada usos de la escritura nobiliaria en la Corte de los Austria”, en Cultura escrita y sociedad, nº 3, 2006, pp. 58-112.

[75] Carolina BLUTRACH, El III conde […], op. cit., p. 30.

[76] Copia de carta […], op.cit, s/p.

[77] Francisco FABRO BREMUNDÁN, Floro histórico […], op. cit., p. 129.

[78] Un muestreo de las mismas estaría constituido por las cartas cuya destinataria fue la duquesa de Gandía (AHN-SN, Osuna, CT.251, D.58); la receptada por el duque de Gandía que le enviada el de Híjar, tío de D. Manuel  (AHN-SN, Osuna, CT.48, D.11-7); las que a su vez fueron recibidas por ambos (AHN-SN, Osuna, CT.47, D.1-35, firmadas por Rodrigo Fernández Zorrilla y su hijo, el padre Zorrilla); las de José Marín al duque del Infantado; la enviada por Ginés Pérez de Mena y Ponce de León, dirigida a la duquesa de Gandía (AHN-SN, Osuna, CT.21, D.58);  la que llega al duque del Infantado de la mano de Félix de Pardo (AHN-SN, Osuna, CT.251, D.22); otra de Híjar a Gandía (AHN-SN, Osuna, CT.48, D.17); etc.

[79] Poesias donde constrvyen […], op. cit., s.p.

[80] Curioso romance que trata de lo sucedido en la Plaça de Buda, desde que se puso el sitio, hasta que fue ganada, Lérida, Iayme Magallon, 1687, p. 7. El último verso, como cada verso final de todas las redondillas compuestas por este autor anónimo, corresponde a un título de una comedia de éxito en la época.

[81] Bartolomé PONCE DE LEÓN, Romance y sonetos […], op.cit., , s/p.

[82] AHN-SN, Osuna, C.255, D.28, fol. 23. 31 de julio de 1686.

[83] Julián IZQUIERDO FLORES Y HERMOSILLA, Historia de las revoluciones de Vngria. Tomo Tercero, Madrid, Julián Paredes, 1689, dedic. s/p. En el mismo sentido, Francisco FABRO BREMUNDÁN, Francisco. Floro histórico […], op.cit, p. 138: “…à perpetuar la sucesion de los Esclarecidos Zuñigas en dos hijos varones, los mas perfectos, y de las mayores esperanças en su edad de siete y cinco años…”.

[84] AHN-SN, Osuna, C. 255, D.28.

[85] IZQUIERDO FLORES, J. Historia de las revoluciones […], op. cit., dedic., s/p.

[86] Las relaciones entre nobleza y antigüedad han sido estudiadas por Adolfo CARRASCO MARTÍNEZ, “Una aproximación a las relaciones entre la cultura nobiliaria y el mundo clásico”, en José María USUNÁRIZ GARAYOA e Ignacio ARELLANO AYUSO (dir.), El mundo social y cultural de La Celestina. Actas del Congreso Internacional de la Universidad de Navarra, Pamplona, 2003, pp. 71 – 92 y por José Antonio GUILLÉN BARRENDERO, “Interpretaciones del héroe clásico: la genealogía de la idea de noble/honrado y su desarrollo en la tratadística nobiliaria luso-castellana (1556-1640)”, en Ágora. Estudos Clássicos em Debate, nº 13, 2011, pp. 111-143.

[87] Es dudoso que el duque encargara un cuadro cuya temática sería su participación en el sitio de Oudenaarde. Probablemente Emilio Muñoz, Historia del Buen Duque… […], op.cit., p. 25, lo equivoca con Siege d´Audenarde. 31 juillet 1667, de Adam Fran Van der Meulen. Existe, en cambio, un retrato, grabado, de D. Manuel, incluido en Joseph PENSO DE VEGA, Rumbos peligrosos por donde navega con titulo de Novelas la çosobrante nave de la temeridad temiendo los peligrosos escollos de la censura. Amberes, s.l.,s.e, 1683. Alejandro LÓPEZ ÁLVAREZ, “Espacio, casa e Historia en la ideología aristocrática castellana del Antiguo Régimen”, en DOMÍNGUEZ GARRIDO, U. y MUÑOZ DOMÍNGUEZ, J. (coords), Segundas jornadas sobre ´´El Bosque´´ de Béjar y las Villas de Recreo en el Renacimiento, Béjar, San Gil, 1997, pp. 95-121, analiza el Palacio como un espacio-museo de las glorias militares y de conservación de la historia de la familia, esto es, como «templo de la fama militar». No queremos dejar de mencionar, casi como anécdota, que el autor del presente artículo vio por mero azar, en el verano de 2015, un cuadro, probablemente de los años sesenta del siglo pasado, propiedad de Juan Carlos Hernández Navarro, de San Miguel de Valero (Salamanca), en el que se retrataba a D. Manuel como un caballero medieval. La obra, de un autor no identificado, que no ofrece un especial interés artístico, es, sin embargo, un indicativo de la fascinación que la figura del duque sigue ejerciendo todavía hoy a nivel local. Una inscripción por detrás del lienzo le identifica como maestre de campo en Frades (denominación de una pequeña localidad salmantina), en lugar de en Flandes.

[88] Antonio SOMOZA Y QUIROGA, Sucinto y verdadero elogio […], op.cit, p. 13.

[89] Pere MOLAS RIBALTA, “Prólogo”, en Ramón MENÉNDEZ PIDAL, (dir.), Historia de España […], op. cit., p. 26.

[90] Juan HERNÁNDEZ FRANCO, José Antonio GUILLÉN BERRENDERO y Santiago MARTÍNEZ HERNÁNDEZ (dirs.), “Introducción”, en Nobilitas. Estudios sobre la nobleza […], op. cit., pp. 9-20.

[91] Es precisamente este el significativo título del brillante estudio de José Antonio GUILLÉN BERRENDERO, La edad de la nobleza. Identidad nobiliaria en Castila y Portugal (1556-1621), Madrid, Ediciones Polifemo, 2012.

[92] Consuelo Catolico […], op.cit., s/e, s/p.

[93] Pedro de MEDRANOY ECHÁUZ, Elogio funeral […], op. cit, s/p.

[94] Bartolomé PONCE DE LEÓN, Romance y sonetos […], op. cit., s/p.

[95] Consuelo Catolico en la muerte del excelentissimo señor D. Juan Manuel Diego Lopez de Zuñiga, Duque de Bejar, sobre el sitio de Buda, s/e, s/p (BN, VE/104/108).

[96] Están reproducidas numerosas veces en las fuentes. Puede consultarse, v. gr., la ya citada Relación histórica de 10 de septiembre, el Floro historico, pp. 141 y ss., y la Vida y gloriosa muerte, fols. 21 y ss., además de múltiples pliegos sueltos en los que se difundieron las cartas, como, por ejemplo, en BN, VC.294/2-1 (Aviano), Archivo General de Simancas, Estado, 329 y AHN-SN, Osuna, CT.3,D.40 (Lorena), AHN-SN, Osuna, CT.3, D.39 (emperador), AHN-SN, Osuna, C.255, D.28 (Papa).

[97] La consciencia histórica de la nobleza ha sido tratada, para los Ponce de León, en Juan Luís CARRIAZO RUBIO, La memoria del linaje. Los Ponce de León y sus antepasados a fines de la Edad Media, Sevilla, Universidad de Sevilla, 2002.

[98] Alejandro LÓPEZ ÁLVAREZ, “Sunt opera parentum. Solidaridades familiares, metáforas bíblicas e historia del linaje: un sermón mexicano por la Duquesa de Béjar”, en Estudios Bejaranos, 4, noviembre de 2000, pp. 105 – 120.

[99] Biblioteca Municipal de Madrid, TEA, 1-68-10 C: Manuel VIDAL Y SALVADOR, La toma de Buda. 1779.

[100] Siendo obvio que la mayor perdurabilidad de la memoria de D. Manuel se concentra, actualmente, en la historiografía bejaranista, a la vez su principal transmisora, resulta significativo que la villa de Béjar, en la que está enterrado su X duque (no yace en ella ninguno otro de sus titulares), se identifique todavía hoy especialmente con él por encima del resto de sus señores históricos, pues personifica el pasado más heroico e insigne de la ciudad. No es ajeno a ello la relación entre territorio y nobleza como discurso legitimador de ésta, aspecto que ha sido abordado por José Antonio GUILLÉN BERRENDERO, “Las historias de las ciudades y los agentes del honor y la distinción en la Castilla del Setecientos: una realidad sistémica”, en Juan HERNÁNDEZ FRANCO, José Antonio GUILLÉN BERRENDERO y Santiago MARTÍNEZ HERNÁNDEZ (dirs.), Nobilitas. Estudios sobre la nobleza […], op. cit., pp. 227 – 254. El enorgullecimiento de la villa por D. Manuel llevó en 1926 a Emilio Muñoz, su biógrafo, a incluir en el título de su obra precisamente la voz «buen» (Historia del Buen Duque Don Manuel de Zúñiga), en un paralelo a otras figuras heroicas de gran calado identificadas plenamente con sus villas, como también ocurrió, además del más popular Guzmán El Bueno, en el caso, estudiado por Ladero Quesada, del conde de Niebla: Miguel Ángel LADERO QUESADA, “Don Enrique de Guzmán, el «buen conde de Niebla» (1375-1436)”, en En la España Medieval, vol. 35, 2012, pp. 211-247).

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ISSN: 1699-7778