D. RICARDO WALL. EL MINISTRO OLVIDADO


Autor: Diego Téllez Alarcia

Directores:José Luís Gómez Urdáñez

Centro de Lectura: Universidad de La Rioja

Tribunal: Carlos Martínez-Shaw, Roberto Fernández, Enrique Giménez, Didier Ozanam, Declan Downey

Fecha de lectura: 20 de junio de 2006

Calificación: Sobresaliente cum laude por unanimidad (obtención de Mención Europea)

Palabras claves: Ricardo Wall, Despotismo Ilustrado, Fernando VI, Carlos III, Neutralidad, Guerra de los Siete Años, irlandeses, Corte, biografía histórica, prosopografía, redes clientelares


En este trabajo el ministro irlandés, D. Ricardo Wall y Devreux (Nantes, 5-11-1694 / Soto de Roma, 26-12-1777), es el catalizador para acercarnos al siglo del Despotismo Ilustrado en España. Su biografía se convierte en el hilo conductor que une distintas y heterogéneas problemáticas como el papel de los irlandeses y de los extranjeros, en general, el impacto de la Ilustración, o la función de determinadas instituciones en la España del XVIII. Una biografía desprovista de los errores y de los tópicos historiográficos que hasta ahora habían oscurecido la figura de este importante protagonista de nuestra historia. Tópicos como el de su anglofilia, su visceral antijesuitismo o su pertenencia a la masonería.

D. Ricardo Wall nació en Nantes (Francia) habiendo huido sus padres desde su natal Irlanda tras la derrota del rey Jacobo II en la batalla del Boyne. Podría afirmarse, por lo tanto, que Wall era un refugiado político. Paso su niñez y adolescencia en el país de acogida, llegando a servir en una de las casas de más rancio abolengo: la de los duques de Vendôme. Sin embargo, en 1716, un giro político del gabinete parisino que buscaba el acercamiento con Inglaterra, obligó a un nuevo éxodo a la comunidad irlandesa en Francia. Muchos eligieron España como destino. Ricardo Wall fue uno de ellos.

En España, Wall pasó por todos los grados del ejército y de la administración. Comenzó como guardiamarina en la escuadra que vencieron los ingleses en la batalla de Capo Passaro (1718), fue infante, y finalmente dragón, una suerte de arma mixta entre caballería e infantería. En este cuerpo fue logrando ascensos y notoriedad, que le permitieron ser admitido en la orden de Santiago (1737) y dar el salto a la carrera diplomática. En esta última acompañó al duque de Liria en su embajada a Rusia (1727-30), fue encargado de negocios en Génova (1747) y, para terminar, embajador en Londres (1747-54).

La amistad y el patrocinio de hombres como el duque de Liria, el duque de Huéscar o el nuevo ministro de Fernando VI, Carvajal, hicieron que su estrella brillase aún más. A la muerte de éste último fue elegido para sustituirlo al frente de la Primera Secretaría de Estado y del Despacho, puesto que ocupó hasta 1763 y que alternó desde 1759 con el de Secretario de Guerra. Al frente de estas oficinas lideró la conspiración contra el marqués de la Ensenada (1754), abanderó el sistema de neutralidad que mantuvo a España apartada de la Guerra de los Siete Años durante todo el reinado de Fernando VI, pero también negoció y firmó el Tercer Pacto de Familia (1761) que la obligó a participar en el conflicto en 1762, con el desastroso resultado de la pérdida de La Habana. Fue pieza clave en el interregno entre Fernando VI y Carlos III, dominado por la enfermedad del primero y llevó adelante importantes reformas en la administración.

La mala salud y diversas conspiraciones manejadas desde el Vaticano por su agresiva política regalista, le empujaron a dimitir en 1763. A partir de esta fecha se retiró, tremendamente honrado por el monarca, al Real Sitio del Soto de Roma, en Granada. Allí desarrolló una labor bien distinta a la hecha hasta la fecha. Administró el Real Sitio con sabiduría, participó en las Juntas de Abril y Mayo de 1766, que asesoraron al monarca tras los turbios sucesos del Motín de Esquilache, visitó las Nuevas Poblaciones de Olavide e incluso llegó a supervisar las obras de restauración del Palacio Árabe de la Alhambra.

El ministro irlandés falleció el 26 de diciembre de 1777 tras varias semanas de enfermedad y rodeado de muestras de piedad. Dejaba un legado político importante: la mayor parte de las figuras descollantes del reinado, Aranda, Campomanes, Grimaldi, Roda, habían sido sus hechuras. Pero también dejaba una herencia material nada desdeñable que ensombrecería su memoria. Su confesor, Juan Miguel Kaÿser, y su primo, D. Eduardo Wall, pleitearían durante años por ver a quien correspondía disfrutarla.

El trabajo se ha realizado empleando fuentes documentales muy heterogéneas puesto que D. Ricardo Wall no ha legado un corpus de fuentes homogéneo. No existe archivo privado del irlandés, ni tampoco escribió memorias o compendios de su pensamiento político. Para acercarse a su figura ha sido preciso hilvanar fragmentos muy dispersos y de procedencia muy variopinta. Ello ha obligado a la consulta de una gran cantidad de archivos tanto en España (Archivo Histórico Nacional, Casa de Alba, Simancas, General de Indias, General de Palacio, Protocolos Notariales de Granada, Archivo Campomanes, General de Marina, Servicio Histórico Militar, etc.) como en el extranjero (The National Archives en Londres, Archive du Ministère des Affaires Ètrangères en París, Torre do Tombo en Lisboa, Archivio Segreto Vaticano en Roma, Haus, und Hof Staatsarchiv en Viena, etc.).

A nivel metodológico la biografía histórica ha sido la columna vertebral. Este método se ha completado con el uso de la nueva prosopografía en la reconstrucción de su red clientelar y con otros métodos vinculados a otras disciplinas en el análisis de aspectos concretos del personaje o de la época a la que se vincula.

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Tiempos Modernos: Revista Electrónica de Historia Moderna
ISSN: 1699-7778